abril, 2021

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Teletrabajo “Made In Chile” 2da. Parte

Tal como se pudo ver en mi columna previa, el día 24 de marzo del 2020, se promulgó la Ley 21.220 del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, que modifica el Código del Trabajo en materia de trabajo a distancia, mediante la cual se legitima el teletrabajo en Chile. Pero también, se dejó en evidencia que había temas no cubiertos por esta la ley, como por ejemplo la sobrecarga de horas extraordinarias sin reconocimiento y a pesar que, la ley establece el derecho a desconexión y que no puede ser inferior a 12 horas continuas no es suficiente, ya que en la realidad muchos trabajadores se ven obligados a responder WhatsApp, correos y llamadas telefónicas de sus jefaturas a cualquier hora. Situación que entorpece el normal desarrollo de la vida personal y familiar.

Por otra parte, esta modalidad de trabajo, puede generar un efecto no deseado en materia de género, ya que, en la sociedad chilena aún las labores domésticas son realizadas por la mujer (situación que día a día va cambiando), lo que se materializa en que ellas, además de su trabajo remunerado con extensas jornadas, en forma paralela deben realizar las tareas propias del hogar, aumentando con esto la actividad diaria, el nivel de cansancio y el estrés (Sin ni siquiera mencionar la preocupación que genera el estudio online de los hijos).  

Otra cosa interesante, esta ley establece que “los equipos, las herramientas y los materiales para el trabajo a distancia o para el teletrabajo, incluidos los elementos de protección personal, deberán ser proporcionados por el empleador al trabajador, y este último no podrá ser obligado a utilizar elementos de su propiedad. Igualmente, los costos de operación, funcionamiento, mantenimiento y reparación de equipos serán siempre de cargo del empleador” (Art 152, quáter L). Pero en la realidad esta situación no ocurre, ya que son los mismos trabajadores que utilizando sus propios computadores e internet, para desarrollar sus labores, lo que en algunos momentos se torna un verdadero desafío, considerado que en muchos hogares se cuenta con un solo computador y hay que compartirlo con los hijos que estudian bajo la misma modalidad, con una precaria conexión a internet que cada día se pone más lenta, por el exceso de usuarios y sin contar con los elementos básicos para trabajar cómodo.

Probablemente, quienes nunca hayan realizado teletrabajo les cueste un poco entender la importancia que el punto anterior se cumpliera fehacientemente y que el empleador pudiera proporcionar los equipos y mobiliario mínimos, para desarrollar las actividades diarias, ya que en la mayoría de los casos se ha tenido que trasformar el living en oficina, utilizando la mesa del comedor como escritorio y las mismas sillas, para pasar largas horas frente a un computador, lo que implica mayor agotamiento, dolor de espalda, cuello e irritabilidad, lo que no aporta a la sana convivencia en el hogar. Por eso, aunque pueda parecer burdo, una silla de oficina cómoda para hacer teletrabajo, mejoraría la actividad laboral y probablemente la productividad de las personas.

Apropósito de lo anterior, estudios realizado recientemente han demostrado que quienes utilizan la mesa del comedor para poner su computador, quedan éstos a nivel más bajo que lo aconsejado (altura de los ojos), lo que obliga a doblar el cuello para poder mirar la pantalla y esto cuando se realiza por períodos largos de tiempo genera dolor en los hombros, espalda y cuello. Por esta razón especialistas como Mauricio Delgado, docente de la carrera de Kinesiología de la UC, recomiendan practicar pausas activas y ejercicios suaves de elongación (5 minutos cada 30), alternar la posición de trabajo cada 20 minutos (20 minutos de pie y 20 minutos sentado), utilizar apoya muñecas frente al teclado y elevar la altura del notebook. De acuerdo al especialista, la inmovilidad por tiempos prolongados podría tener efectos nocivos para el organismo. Lo que podría considerarse una consecuencia de esta modalidad de trabajo.

Pero también, es necesario decir que no todo es negativo en la presente ley, ya que ha permitido que personas que no tenían acceso al mercado laboral por discapacidad física, por ejemplo, hoy cuenten con una fuente laboral, lo que sin duda promueve la inclusión social, el ahorro energético que implica el no uso de oficinas, la reducción de los gastos en movilización, bencina y TAG, dependiendo de cada caso.  Asimismo, la ausencia de los miles de autos en las calles y carreteras, disminuye la huella de carbono, lo que impacta positivamente en el medio ambiente. Y no se puede dejar de mencionar, que esta modalidad de trabajo mejora la calidad de vida de las personas, ya que elimina los desplazamientos en auto o micro, por hasta más de dos horas, como es el caso de muchos habitantes de la región metropolitana.

Lo que se debe tener claro, que esta forma de trabajar llegó para quedarse, las empresas han advertido los muchos beneficios que les genera, por ejemplo, reduce el ausentismo laboral, minimiza los costos operacionales, aumenta la capacidad para mantener a los colaboradores, lo que implica una disminución en la rotación, promueve el desarrollo tecnológico, entre muchos otros.

Es por esta razón que, es muy importante reinsertar esta temática en la discusión pública, con la finalidad de generar consenso en la urgente necesidad de mejorar la actual ley de teletrabajo, eliminando los vacíos existentes, que resguarde lo que realmente importa que es mejorar la calidad del empleo, ya que el trabajo por sí mismo no asegura mejores condiciones laborales.

Teletrabajo “Made in Chile”

Entre los muchos cambios a causa de la presencia del coronavirus en el mundo, es la modalidad en cómo las personas realizan sus trabajos, ésta ha mutado de la forma presencial por una a distancia, lo que fue llamado “teletrabajo”. Quienes adoptaron esta modalidad de ejercer su actividad laboral o profesional, se han preguntado más de una vez… ¿es idea mía o ahora trabajo más? Sin embargo, esta pregunta no es solo de nuestro entorno particular, sino que es un cuestionamiento global y la experiencia internacional ha demostrado que esta nueva forma de trabajar lleva implícitas jornadas laborales más extensas. Por esta razón, es importante dar una mirada a la actual legislación chilena sobre la materia, porque aparentemente la respuesta a esta pregunta es si, las jornadas de teletrabajo son más extensas y las horas que se trabajan de más no son consideradas horas extras, un gran tema para abrir el debate en la opinión pública.

El año pasado, específicamente el día 24 de marzo, se promulgó la Ley 21.220 del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, la que, modifica el Código del Trabajo en materia de trabajo a distancia. Mientras se discutía la normativa, el discurso político se enmarcó en generar una ley que permitiera proteger a los trabajadores que, a causa de la pandemia y las medidas sanitarias, no pudieran asistir presencialmente a sus lugares de trabajo y que, por las características del mismo, podían realizarlas desde sus domicilios. Pero aparentemente, como en muchos otros casos, esta ley se quedó solo en las buenas intenciones y podría ir en desmedro del mismo trabajador, que se intentó proteger.

Según la mencionada ley, define el trabajo a distancia o teletrabajo como: “Aquel en el que, el trabajador presta sus servicios, total o parcialmente, desde su domicilio u otro lugar o lugares distintos de los establecimientos, instalaciones o faenas de la empresa” (Art. 152).  Asimismo, establece que “la modalidad de trabajo a distancia o teletrabajo podrá abarcar todo o parte de la jornada laboral, combinando tiempos de trabajo de forma presencial en establecimientos, instalaciones o faenas de la empresa con tiempos de trabajo fuera de ella” (Art. 152). Además, establece que “si la naturaleza de las funciones del trabajador a distancia lo permite, las partes podrán pactar que el trabajador distribuya libremente su jornada en los horarios que mejor se adapten a sus necesidades, respetando siempre los límites máximos de la jornada diaria y semanal” (Art. 152).

Asimismo, esta ley consagra el derecho a la desconexión entendiéndolo como “el tiempo en el cual ellos no estarán obligados a responder sus comunicaciones, órdenes u otros requerimientos. El tiempo de desconexión deberá ser de, al menos, doce horas continuas en un periodo de veinticuatro horas. Igualmente, en ningún caso el empleador podrá establecer comunicaciones ni formular órdenes u otros requerimientos en días de descanso, permisos o feriado anual de los trabajadores” (Art. 152).

Pero esta ley, nada dice de las horas trabajadas fuera de los “límites máximos de la jornada diaria y semanal”, lo que comúnmente se conoce como hora extraordinaria. Tema que no fue considerado, a pesar que existe evidencia aportada por investigaciones serias como por ejemplo en el año 2019, la investigación realizada por Organización Internacional del Trabajo, en la que se concluye que el teletrabajo conlleva una extensión de la jornada laboral o la exigencia de una permanente conexión, ya sea contestando WhatsApp, correos electrónicos o directamente contestando llamadas en cualquier horario. Un dramático ejemplo de esta situación es el caso de Japón, con un promedio de 7 horas por sobre la jornada normal de quienes realizan teletrabajo (OIT, 2019).

Es importante, bajo esta mirada poder hacer las siguientes preguntas ¿Bastará con el derecho a desconexión, si esta misma ley “permite explícitamente que las y los teletrabajadores queden excluidos de la limitación de jornada que rige para el resto del asalariado, si así lo acuerdan las partes”? (Art. 152); ¿Quién asume el costo de las horas trabajadas demás?; ¿Tendrá que asumirlas el propio trabajador?

Al parecer no basta con el solo hecho de consumar el derecho a la desconexión, aparentemente esta ley es otro ejemplo de muchas otras leyes que ingresaron con muy buenas intenciones al Congreso y salió una cosa muy distinta a lo esperado. Esto se deberá a la mala coordinación entre los legisladores y los representantes de los trabajadores o quienes legislaron no se preocuparon de lo que realmente importaba, como era el resguardo de los teletrabajadores y no solo la legalización del teletrabajo.

Existe un problema importante no cubierto por esta ley, ya que lo esencial no es que las personas puedan trabajar desde sus domicilios, ya que esta modalidad de trabajo disminuye las probabilidades de ser contaminados, sino que el Gobierno de turno, no se hace cargo con esta ley de los efectos no deseados a causa de esta modalidad y como veremos más adelante las horas extraordinarias del teletrabajo, no es el único vacío en esta ley.