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La Administración Pública para los próximos años.

Hace un par de días leía un artículo en un prestigioso diario nacional, en donde decía que cierto sector político estaba pensando en cómo perpetuarse en el poder un periodo más, de ser electos en las próximas elecciones y la discusión era en torno a potenciar los emergentes liderazgos que fueran apareciendo en el primer período, lo que a mi juicio deja ver que aún no centramos la mirada en lo que realmente importa.

Lo importante está en mirar cómo va mutado la forma de administrar el país en tiempos marcados por la fuerte influencia de cambios políticos, sociales y económicos frutos de la globalización, es importante centrar las miradas en como las naciones han perdido cuotas de poder sobre sus propias economías ante el imperio de los mercados globales, porque no es menos cierto que la influencia de los gobiernos se reduce mientras crece el poder de las políticas internacionales.

Y es acá donde nace lo realmente importante, el Gobierno y la Administración del Estado, ya que éstos cumplen un rol fundamental, haciéndose cargo de las áreas en donde el mercado no es eficiente, pero sobre todo debe hacerse cargo de las fallas de mercado, produciendo bienes y servicios públicos, para satisfacer las necesidades de los ciudadanos en forma eficiente y eficaz.

Pero ¿cómo hacer esto?, el Gobierno debe entender que para lograr esto se debe incorporar mecanismos de alta competencia que permita el desarrollo de sistemas de máxima calidad en la gestión pública y dejar atrás la historia de ineficiencia pública.

Ya ha quedado demostrado cómo la crisis económica de un país, por muy lejos que se encuentre, afecta la economía de otros países, sumado a eso, que una característica de la Globalización es sin duda la inestabilidad del sistema financiero internacional, por lo que unos de los puntos fundamentales para los Gobiernos debe ser la estabilidad económica interna, ya que no existe un organismo capaz de establecer y hacer cumplir normas generales a nivel internacional, sobre los Bancos Centrales y política monetaria.

Ante esta necesidad cada vez más imperante, la administración pública debe incorporar instrumentos de gestión privada a su quehacer diario, se debe gerenciar la gestión pública como una gran empresa que produce bienes y servicios indispensables para sus clientes, utilizando modernas herramientas de gestión en post de los resultados deseados mediante la correcta, disciplinada y flexible administración de recursos.

No es menos cierto, que la Gestión Pública a pesar de los esfuerzos realizados en el pasado, hoy en día ha perdido credibilidad ante los usuarios y ciudadanía en general, en cuanto a ser un eficiente prestador de servicio social, debido a su lentitud en los procesos e ineficientes alcance de las políticas públicas, ante un mercado de consumidores cada vez más conocedores de sus derechos, deberes y que a la vez le han perdido el miedo a expresarse y lo hacen libremente.

Acá radica la importancia de poder entender de parte del aparato estatal, que los usuarios acostumbrados a los cambios vertiginosos en el sector privado, esperan que la Administración del Estado se adecúe a los nuevos tiempos y se adapten a conductas de mercado, en la entrega de un servicio integral bajo parámetros de calidad.

Por lo cual, el desafío que la Gestión Pública Chilena tiene para los próximos años, es generar los cambios orgánicos más revolucionarios que han existido en la  historia de este país y deben estar encaminada a:

Una reestructuración del diseño organizativo, se debe apostar por un modelo descentralizado de funciones y una simplificación jerárquica que permita la optimización del tiempo de respuesta, ya que a mayor estructura mayor es la dificultad de respuesta.

Estos cambios estructurales deben apuntar a simplificar los procesos mediante la eliminación de la excesiva tramitación y para lograr esto se debe reducir las normativas actuales de los procesos internos de los departamentos.

La Administración Pública del mañana debe romper viejos paradigmas organizacionales e incorporar en su cultura conceptos de productividad, eficiencia y eficacia, con el objetivo que funcionarios públicos prestadores del mismo servicio, compitan entre sí para entregar el mejor servicio a este “cliente-usuario”.

Y esta competitividad en la entrega de servicio debe ir de la mano con incentivos a la productividad en la gestión del personal, mediante la capacitación continua y constante, pero sobre todo crear una real carrera funcionaria basada en la meritocracia.

Se deben generar procesos de control dinámicos, que entreguen retroalimentación en tiempo real, que permita hacer mejoras continuas, quitándole el sesgo coercitivo al concepto de control.

La dirección del aparato estatal se debe dejar a cargo de los profesionales más competentes del mercado laboral, que cuente con una mirada gerencial para el proceso, lo que implica la eliminación de concursos públicos dirigidos por fuerzas políticas o puestos para devolver favores políticos.

El usuario debe entenderse hoy como un cliente, como una persona con múltiples habilidades, al cual se le debe capacitar en la utilización de servicios y sobre todo llegar a él mediante los adelantos tecnológicos actuales, para que gran parte de los trámites que debe hacer, lo haga desde la comodidad de su hogar.

Se debe entender de una vez por todas que modernización del Estado, no es sinónimo de llenar las oficinas de computadores, sino involucra romper modelos arcaicos de administración y cambiar la visión que se tiene del usuario, para posicionarlo como el centro de los objetivos de quehacer público. Esto implica un gran cambio de paradigma estatal, donde las estructuras, las funciones, los liderazgos y las articulaciones deben centrarse en este usuario-cliente.

Por lo que señores políticos dejen de tratar de repartir sus cuotas de poder, en post que una coalición u otra perpetúe su liderazgo por más de un período y es hora de sentarse hablar de lo que realmente importa que es este cliente-usuario con múltiples necesidades y con alta capacidad de reacción ante el medio.

Esta es la única forma de poder lograr que esta enorme estructura ineficiente genere movilidad y respuesta a una nación que ha aprendido a luchar por lo que necesita.