El decreto Amunátegui (1ra. Parte)

Como pudimos ver en la publicación anterior, no fue fácil para la mujer obtener su derecho a voto, pero llegar a la Universidad tampoco fue una tarea muy fácil, lo que hoy en día es parte de un proceso lógico, que una vez terminada la enseñanza media las mujeres al igual que los hombres puedan acceder a la educación superior, antiguamente este proceso era un privilegio reservado solo para los hombres.

Durante el siglo XIX, la educación entregada a los hombres era muy distinta a la que se le otorgaba a las  mujeres. Mientras que a ellos en su rol de “Jefe de Hogar” se les enseñaba en los colegios ciencias, matemáticas, historia y otras materias que les dieran herramientas para poder proveer a su hogar de lo necesario para la subsistencia. En cambio a la ellas en su rol de madre, su formación estaba enfocada a la lectura, bordado, costura y todo aquello que las hiciera mejores dueñas de casa. Pero, sin embargo, no todas podían estudiar, solo lo hacían las niñas de la alta sociedad, lo que generó años de postergación intelectual para las mujeres.

No existían colegios mixtos, por ende había colegios de señoritas. En algunos de éstos existían niveles a los cuales se les llamaba humanidades, pero había una enorme falta de docentes preparados, lo que hacía difícil alcanzar los niveles esperados. Existieron también casos de algunas mujeres autodidactas, como es el caso de Gabriela Mistral, pero otras debieron estudiar en sus domicilios con profesores particulares, para luego poder luego ir a los Liceos de Hombres a rendir exámenes, lo que sin duda dejaba en desventaja a la mujer.

Luego, en 1853 comenzaron paulatinamente un sin número de hitos importantes para la igualdad de educación entre hombres y mujeres en Chile. En ese año se crea la Escuela Normal de Mujeres, donde éstas podían estudiar para profesoras, pero se impartían solo algunos ramos básicos, hasta que en 1871 se funda la Escuela Normal de Mujeres en Chillán, donde la malla curricular cambió drásticamente, impartiendo materias como pedagogía, ciencias, geometría, física, historia natural, etc., llegando a un nivel más parecido al de los hombres.

En 1860, ocurre un hito relevante para nuestro país, se decreta la Ley Primaria, en la cual se estableció que la educación primaria era de responsabilidad del Estado, por ende gratuita y de acceso tanto para hombres como mujeres, pero aún quedaba mucho para que ellas pudieran llegar a la Universidad.

Con el correr de los años, Isabel Lebrun y Antonia Tarragó, Directoras de los dos Liceos Femeninos más importantes en Santiago, comenzaron a solicitar al Consejo de Instrucción Pública, que sus alumnas tuvieran el derecho de rendir examen ante la Comisión Examinadora de la Universidad de Chile, para poder ingresar a la educación superior y así poder tomar una carrera universitaria, pero el Consejo rechazó dicha solicitud en reiteradas oportunidades, no obstante a ello, en aquel entonces el Ministro de Justicia e Instrucción Pública Miguel Luis Amunátegui Aldunate esta solicitud tuvo eco, pero éste no podía aprobar un decreto en favor de dicha solicitud sin la aprobación del Consejo en comento, a no ser que éste se encontrara inactivo, por lo que esperó que el Consejo estuviera de vacaciones el verano de 1877 y así el día 6 de febrero dictó el Decreto 547, en el cual no solo aprobó el ingreso de la mujer a la Universidad, sino además provocó una serie de consecuencias positivas para la educación chilena, las cuales veremos en la segunda parte de este artículo.

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